El profesor Marcos Gonzales, fue quien me hizo lenguaje durante mi educación media, al momento de preguntarle sobre el principito, se sintió bastante feliz, disfruta compartir con otros la espiritualidad que contiene este cuento.
El se enfocó específicamente en la enseñanza que deja este libro y lo importante que es para el desarollo de los alumnos en la etapa de aprender.
Son doce años los que lleva el profesor Marcos Gonzales en este colegio, ha visto pasar una gran cantidad de alumnos por sus clases, siempre tan amable y tranquilo, esto me motivó junto con otras razones a atreverme y preguntarle, cuando nos reencontramos en uno de sus días de clases sonrió y me dijo “Iván que agrado tenerte nuevamente por estos lugares” es común que este profesor recuerde todos y cada uno de los nombres de sus alumnos.
Caminando por el colegio, mientras yo le hacía las preguntas pertinentes me dice “periodismo, que entretenida carrera, espero que te estén sirviendo los años que pasaste conmigo.” Volviendo en el tema le pregunto, “Profesor ¿cree usted que el principito sea un libro para niños?”, tres niños pasan corriendo frente a nosotros disfrutando de su recreo, “míralos Iván, como corren y se divierten, sin embargo no podemos dejarle este libro sólo a ellos, es un bien para todos nosotros, no importa la edad que tengamos”.
Mientras caminamos el profesor se ve algo cansado, al momento de preguntarle si es que prefiere que nos sentemos, me mira con recelo y me dice “Tengo sesenta y dos años aún puedo caminar y hablar tranquilamente” se ríe y se sienta a la sombra. Pasando los minutos mientras aún tengo su atención me apresuro, ¿a qué edad leyó por primera vez este libro?, con un gesto de tener escasa memoria de aquello cierra los ojos y guarda silencio, “Catorce”, “perdón ¿dijo algo profesor?”, “catorce años, esa fue la edad, lo recuerdo perfectamente”. Claramente me causó algo de gracia, pasaron unos dos minutos antes de que me diera respuesta alguna. “Mi padre me lo leía desde pequeño” dijo.
“Mi padre me decía que yo le recordaba al pequeño principito” me cuenta con algo de nostalgia, comencé a darme cuenta de que este libro significaba más para él de lo que significa para mí en este momento.
“Creo que es necesario pasarlo en el colegio, porque es la etapa más fresca para la educación”, fue la respuesta que me dio cuando le pregunte si era necesario verlo en el colegio. Cuando volvimos a pararnos para ir al casino (me pidió que lo acompañara mientras almorzaba y que termináramos con el tema en ese lugar) me preguntó cosas en el ámbito más personal, al pasar frente a la cancha del colegio vemos a algunos ex compañeros de colegio míos, jugando basquetbol, “¿has continuado con ese deporte en la universidad? recuerdo que lo hacías muy bien”. El profesor es fanático del deporte y no fue necesario responderle, para que se diera cuenta de que sí continúo. “profesor hablando de la universidad ¿cree que es necesario pasar ese libro a los universitarios?” me parece una buena iniciativa, me dice.
“Es un libro que habla sobre cosas muy bellas, y de cómo uno las deja ir sin apreciarlas. Creo que es positivo leer y re leer este libro en el transcurso de la vida, porque uno siempre descubre cosas que había pasado por alto, es como la vida misma, hay que prestar atención a cada detalle.”
Una vez que termina su almuerzo, retomamos la conversación: El principito dice que los adultos se han olvidado como ser niños ¿cree usted que estos es cierto?
Rápidamente me responde “en su gran mayoría sí. Los adultos tenemos muchas veces que preocuparnos de lo material, de mantener nuestras familias y llevar el pan a la mesa, no hay tiempo para sacar el niño que uno lleva dentro. La imaginación es algo que todos poseemos, sólo que se marchita con el pasar de los años”.
Usted me dice que el ritmo de vida de los adultos no les permite ser niños ¿No cree que se viviría aún más feliz utilizando un poco la imaginación y escapando por momentos de la realidad?
Que divertida pregunta –ríe- es por lo mismo que yo leo, el leer me ha vuelto un hombre poseedor de imaginación “saluda a dos ex compañeras mías de colegio del actual cuarto medio, yo también las saludo”, algo despistado, tú me conoces –ríe nuevamente- pero por sobre todo este libro, ha despertado en mi muchas cosas, me siento como el aviador conociendo al principito cada vez que leo este cuento, ese tierno personaje siempre tiene algo con que impresionarme. Guardamos silencio por un instante.
Suena el timbre, el profesor comienza a guardar sus cosas se para y deja la bandeja, me mira y dice “tengo clases, pero, aún no cerramos nuestra agradable conversación Iván, ¿quieres acompañarme hasta la sala?”, camino a la sala le pregunto por uno de los personajes que para mí es uno de los más relevantes, se sorprende ¡el farolero! “pues claro que es relevante, sobre todo porque representa a los adultos de hoy en día, el vivía para su trabajo, prácticamente ya no dormía porque el planeta giraba más rápido con cada año, los adultos nos olvidamos de vivir y vivimos para el trabajo”.
En la puerta se despide de mí, y me dice que espera volver a verme pronto, asiento y le doy las gracias por su tiempo.
Iván Molina

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